Sí los inocentes niños
eternamente extraviados en nosotros
corrieran de verdad libres por aquel puente…
el de porosa cantera rosada
bugambilias en los barandales
y que húmedas todavía del amor del rocío
después del acto observan
bandadas de aves del paraíso
Proclamados embajadores serían
conciliando personas al encuentro
aquellas que solas en veredas había,
y perdido la vista, por cierto.
Si avivara el viento aquel rehilete,
si arrancara de un golpe la tristeza,
la amargura se tornaría en deleite
la vida de nuevo comenzaría
Cierto estaría Dioses del Tiempo
de la inexistencia del “No” absoluto…
en aquel momento correría al puente,
las manos de niño y mi verdad,
saciándome de ventura y contento,
los que instantáneos esfuman el vacío y la soledad