Te contemplo a veinte pasos,
nostálgica, absorta;
tus ojos, ausentes y nublados,
evaporados a lejanía ignota.
Ellos, de violeta y lila,
excusan tu escapismo,
empañados de esa niebla…
tú, enclaustrada en el mutismo.
Y flotas enseguida,
y navegas el espacio,
y anublas tu tristeza,
con pétalos de algo.
Las manos de nívea tersura
actúan, parecen atentas;
los gráciles dejos de tu tesitura
articulan de indefinibles maneras.
Así, ceñida en tus colores,
vestida de bruma, divagas,
dislates, excesos y pasiones,
yerros, pesares y sofismas.
Tropiezo en tantas reflexiones…
purpúreos ojos nublos y perdidos,
la delicia de tus manos hace los honores,
tú, ensimismada en violetas extravíos.